En esta sección pretendemos compartir con todos vosotros experiencias, sentimientos, testimonios y vivencias de jugadores rehabilitados que tras su paso por nuestra asociación, han querido dejar palabras escritas que ha su paso y a lo largo de los días serán de gran ayuda en nuestra asociación y para todos los miembros de la misma.

GRACIAS A TODOS

El juego patológico, ¿una actividad lúdica? 


El JUEGO es una actividad que todas las personas realizamos de niños. Va encaminado a entretener y a distraer. Se realiza principalmente cuando tenemos tiempo libre y es una parte importante de nuestras vidas con la que desconectamos de los avatares diarios. Es en definitiva, una actividad lúdica. Yo he estado en una asociación de jugadores en rehabilitación.

Esto es lo lúdico que tienen las máquinas tragaperras: el tiempo libre es ocupado en comunicarse con una máquina, en azotarla a veces, cuando no se obtiene el premio deseado. Y quieres más y más. La mayoría de veces sales con un sentimiento de culpa tan grande que te avergüenza contarlo a tu familia y a veces es tan intenso que las ganas de quitarse la vida es la única idea que uno tiene en la cabeza. Te quedas hipnotizado por todas esas lucecitas que llaman poderosamente tu atención.

La máquina de tabaco al lado, para más inri. Los numeritos y las frutas dan vueltas sin parar y tú esperando a que salga la “puta” combinación ganadora. Mientras, en tu casa, tu mujer preocupada y tus hijos preguntándose donde se ha metido papá, por qué no está con nosotros. Papá está pasando su rato de ocio con otra “persona”, a la que le habla, le zarandea, y ésta no le responde. Papá está enfermo. Y de repente, un dinero que falta, fugas a escondidas, no llegar a casa a su hora. Y empiezan las sospechas, hasta que un día le pillan en un salón recreativo invirtiendo su tiempo en destrozarse la vida, y ya de paso la de su familia, ¿Qué está haciendo papá? Y la mamá no sabe que responder, sólo le cabe llorar, tal vez callar, y angustiarse, sumergiéndose en la soledad en que le ha dejado su marido.

El niño no comprende nada. Papá está ocupando su tiempo libre. Papá se ésta entreteniendo en destrozar unas cuantas vidas, de paso la suya. Papá sólo ve luces, sonidos y un mundo que gira sólo alrededor de él. Mientras, el empresario astuto se regocija poniendo más máquinas tragaperras, “jo, esto es un chollo”, se dice. Y ese hombre de espaldas al camarero, a los viandantes, a todo lo que conforma el “otro mundo”. Mientras papá juega el hijo pregunta y la mamá no sabe que responder.

Cada vez está peor, ve como se alejan sus ilusiones, el hombre al que amó, la familia que quiso formar, una vida que ahora ve quebrada por el sonido de un montón de piezas bien engrasadas. Mamá está enferma, mamá no aguanta más, mamá se está muriendo en la desdicha, la desgana y la impotencia. Mamá está sola, con una nave que no lleva rumbo.

Y no puede conducirla. Mamá necesita ayuda, tal vez ella es la única consciente de lo que está pasando, y saca fuerzas de donde no las hay para llamar a un número y depositar ahí las esperanzas de una situación que se ha vuelto insostenible.

Papá sigue entreteniéndose, sigue jugando a ser Dios: “al final, me tocará”, se dice. Mientras, el empresario se frota las manos diciéndose: “otro pardillo más”, “y mis bolsillos cada vez más llenos”, “de mierda”, me digo yo. Mamá acude sola a una asociación en que parece que alguien le escucha, le comprende y más importante, le puede ayudar. Mamá lucha, y ahora sabe que no está sola, que tiene personas que la van a apoyar, personas que han pasado por lo mismo. Pero mamá sabe que será duro y largo: “si papá no quiere no habrá curación”.

Papá está ciego, necesita ayuda. De repente, todo a su alrededor comienza a desmoronarse: esta solo, sin trabajo, sin hijos, sin mujer. Su ceguera comienza a convertirse en angustia, un grito al vacio que nadie oye, salvo él. Desesperadamente, descompuesto, con lágrimas en los ojos pide ayuda y mamá sin saber que hacer.

Demasiado tiempo destrozando su vida. Pero sin saber cómo, cede, le ayuda. El ha dado el primer paso. Pero está muy enfermo. Ahora se da cuenta de lo que ha hecho y de lo que ha dejado de hacer. Mientras. Las luces de las máquinas y los sonidos siguen reclamando su atención.

Resistirse es difícil y comienza una lucha sin descanso dentro de él, la del hombre contra el hombre. Papá lucha, mamá también, incluso más, mientras sus hijos se preguntan que les pasa a mis padres. No se hablan, discuten, ¿será que no me quieren?. Él está aún demasiado ciego para ver crecer a sus hijos y demasiado sordo para oír su grito ¿y mi papá?; ella lucha por ellos y por ella, sabe que sus hijos pueden acabar enfermando si la situación sigue así. Papá quiere salir. Y el camino no se presenta fácil; han sido demasiados años entreteniendo su ego enfermo. Juntos se proponen salir adelante, por su bien, por el de sus hijos. Mientras que las lucecitas de la máquina brillan, papá lucha cada día por alejarse de aquellos cantos de sirena – aquellos que Homero describió en su odisea – esta es otra odisea, y papá se pregunta cuando terminará el calvario. Mamá también, si cabe más.

Hoy es 25 de febrero de 2003. algunos jugadores llevan en esta asociación años, otros meses. Algunos lo primero que hacen cuando llegan a su casa es darle un abrazo a sus hijas, otros le cuenta cuentos, otros hablan con su mujer. No ha sido fácil, pero ellos están en el camino. Todavía siguen luchando. Las luces de las máquinas se ven cada vez más lejos, su sonido resuena más remoto.

Otros están en la calle, al servicio de los opulentos, de los que no se conforman nada. Y sus hijos, madres o amigos al otro lado preguntándose donde está la persona con la que compartí mi vida. Me llamo Daniel Fernández. Tengo 25 años y estudio psicología. Nunca había hecho unas prácticas que me mostrasen la esencia del ser humano, que es de lo que se trata en esta profesión.

He visto problemas, he visto personas y familias destrozadas. A ninguno le ha resultado fácil estar donde está. Estas personas están obteniendo ahora el premio a su esfuerzo. Yo estoy aprendiendo de ellos, estoy junto a ellos, y con todos aquellos que a escondidas están padeciendo una enfermedad tan grave como desconocida. Está enfermedad tiene remedio aunque haya organismos que no quieran ponérselo. Murcia es la región de España con más máquinas tragaperras por habitante. Estas máquinas solo tienen como beneficiarios a los que se enriquecen con ellas.

No hay información al respecto. Yo, cuando entré en la asociación pensé que era un juego, y no le concedía la mayor importancia.

Tampoco tenía información al respecto. Ahora se que es una enfermedad y que hay mucha gente que lucha día a día para recuperarse y otros que ni siquiera saben que la padecen. Cuando oigo aun padre contar su historia y como llegó al juego y destrozó su vida aún me emociono y me invade un fuerte sentimiento de querer ayudar a esa persona. Ver a esas personas como hoy cuentan su historia y repasan su periplo me da fuerza y ganas por seguir viviendo. Son un ejemplo para mí.

Creo que todo el mundo se merece una oportunidad de vivir. Estas personas están aprovechando ahora lo que no hicieron hace unos años. Su empuje y su empaque es loable y todo lo que de ellos sale es una ilusión tremenda y unas ganas enormes de seguir recuperándose y vivir. Este es su premio y el que pueden lograr todas aquellas personas que de verdad deseen salir del juego.

A mi me han dado toda una lección.

Dedicado a los grupos de ludópatas, mi segunda familia.